
Como si no ubiera nadie, me quedé solo. tal vez no estoy solo, estoy con mis seres queridos, con mi familia, pero justamente ahora me siento solo, sin rumbo.
De repente oigo una voz familiar: ¿No quieres salir a jugar conmigo?, me quedo paralizado, miro a todos lados pero no veo a nadie.
¿Será mi imaginación?, si creo que sí me digo a mi mismo, pero al instante vuelvo a oir la misma voz:Vamos, solo juega conmigo un rato.
Como si a un niño le ofrecieran un caramelo me puse feliz, me levanté y seguí a la voz que me decia como grabadora ¡que gusto, vas a jugar conmigo!
En la sala de mi casa encuentro un cochecito de madera, la voz me dijo: con este juguete jugaremos; en el acto siguente me asusté, volví a mirar a todos lados y exclamé: ¡¿Quién es el que quere jugar conmigo?!
Como un cohete un niño salió de la nada, era pequeño, sonriente, vestía de rojo con amarillo y le encontraba un extraño parecido a alguien que yo conocía muy bien. -Yo quiero jugar contigo-.
Le pregunté que de dónde era, por qué entro a mi casa, quién era el; pero respondía siempre tu sabes la respuesta.
Me dí cuenta que las conocía y empezé a jugar con él.
Le pregunté que cuando volvería a venir y me dijo que cuando quiera. Desde entonces todos los dias jugamos a los cochecitos yo y mi otro yo.




lindo.
el mejor amigo que tenemos es aquel que encuentras frente al espejo.
saludos.
=)
Hola, suena interesante ese encuentro con el otro yo, puede ayudar a descubrir qué ocurrió en ese pasado y que influye en nuestro presente para bien o para mal.
Hay una técnica psicológica que invita a encontrarse con uno mismo en la etapa de la niñez que ya sabes es fundamental, inicias un viaje al pasado y tomas de la mano a esa criatura y le das todo lo que necesita...
Cariños, Laurencia.
hola